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jueves, 23 de octubre de 2008

El trío


Se sacaban los ojos, se escupían sus venenos sin lograr lastimarse aun. Estaba revolviendo todos los cajones, sacando su ropa. Se iba a marchar, se había cansado de vivir una historia de tres.
La mirada taciturna de su esposo, no la convencía. Él se acercó para abrazarla, pero era tanta la repugnancia que sentía que por el mismo, que de un cachetazo lo ahuyentó. Caliente por el golpe, el hombre la tomó de los brazos y la sacudió con fuerza, para luego tirarla a la cama. Se lanzo sobre ella y comenzó a besarla, los besos calientes y las caricias sobre su sexo, lograron retenerla con audacia. Para luego terminar haciéndose el amor como animales.
Culminado el acto, la dama decide salir del reposo para comenzar a reprochar de nuevo, él intenta serenarla, y a cambio consigue que se ofusque más y comience a destrozar todo lo que en esa habitación había. Completamente enloquecida comenzó a arrojar los cajones contra las paredes, furiosa golpeaba y gritaba a su marido. Cuando el teléfono comenzó a sonar…
Todo el cuarto se enmudeció, el silencio era acreedor de esos minutos. La dama temblando se acercaba lentamente hasta el aparato sonoro, tenía miedo, le dolía comprobar una vez más, que era insignificante en la vida de éste. Él miraba con resignación hacia el piso, no podía detenerla, no tenía el valor.
La mujer atiende el llamado con sollozos. Del otro lado del auricular se oía, una voz femenina, que decía de modo imperativo: -Hijo. ¿Ya dejaste a esa mujer?-




No puedo dejarla. Hace 26 años que me persigue, tengo una relación tan ambigua con ella que todavía no logro comprender. No sé si es su carácter, si es porque a veces me resulta intangible o por la palpable que es, no comprendo…
Me hace cambiar el camino, me doblega con su personalidad, pero ya no importa…
Un año más que tengo que lidiar con ella, Elipse, ganaste de nuevo… ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!! De mí, que también sos vos…

sábado, 27 de septiembre de 2008

Culpable



Había un solo culpable. Todos los dedos señalaban a Violeta, a quien se le acreditaba la muerte de Camilo, el gato mimado de la familia.
Sus hermanos más chicos sospechaban de ella porque siempre se quejaba de los pelos que dejaba el finado esparcido, del olor de las piedras y por sobre todo que el minito siempre quería dormir en su cama. En fin, todo el tiempo rechazando al animal, hasta se negaba a acercarse al negocio de la esquina y comprarle el balanceado.
El día anterior al asesinato, Violeta, había amenazado con matarlo. Éste se había metido a su habitación y dormitaba en su cama, hasta que ella entró y a los gritos intentó sacarlo, el gato asustado saltó hasta la mesa de luz y tiró el portarretratos que tanto mezquinaba, haciendo estallar en pedazos el vidrio y la porcelana. Enfurecida lo tomó del pescuezo, lo sacó al patio y prohibió a sus hermanos que lo dejaran entrar.
Era ya de noche cuando la niña sacó al gato por última vez de la casa, demoró en regresar y después se encerró en el baño, apenas podían oírse los sollozos. Salió del mismo, volvió nuevamente, se puso el pijama y se fue a dormir. Joaquín, su hermano de cinco años, observaba con atención desde la cocina lo que su hermana hacía.
Por la mañana el niño, junto con su otro hermano Francisco, de 8 años, salieron al patio y se encontraron con Camilo destripado. Joaquín asustado, comentó a su hermano lo que anoche había visto. Juntos fueron a contarle a su mamá. La mujer asombrada por lo que sus hijos decían, se dirigió hasta la habitación de la niña y preguntó que había pasado. Violeta dormida, sin entender nada, negó la responsabilidad del hecho, hasta que Joaquín dijo:-¡Fuiste vos! ¡Anoche te vi cuando volvías del patio y tenías la ropa manchada con sangre!-.
La madre sorprendida por tal confesión, volvió a preguntar. Violeta, nerviosa y avergonzada, comenzó a llorar. Entre llanto negó haber sido culpable y declaró que su ropa estaba manchada porque se había hecho señorita. La mujer al oír esto, le dio un abrazo a su hija y también empezó a llorar. Mientras, los niños se miraban sin entender el por qué de tanta emoción, la madre se acercó hacía ellos y les dijo:- Al culpable, ya lo vamos a encontrar...-

miércoles, 4 de junio de 2008

Repuesto

Año 2135. En épocas de eugenesia, biotecnología y auge científico, todavía existen algunas fábricas que necesitan el trabajo de artesanos.La maquina de galvanizado lo espera. Ricardo se levanta apresurado. se viste, se lava la cara, toma su bolso y se va al trabajo. El camino es corto, recorre esas veinte cuadras a paso ligero. Se siente presionado, transpira. Ingresa a la fábrica temeroso, hoy tendrá que galvanizar siete bobinas de alambre de cinco mil metros cada uno, es un desafío que quiere vencer. Tendrá que exigir su cuerpo y sobre todo la habilidad de sus manos.Se dirige al galpón allí coloca las bobinas en el rotor y empieza a tensionar los hilos sobre la pileta hasta llegar al otro extremo donde estarán las bobinas vacías. Cuando empieza a funcionar dos de estos hilos se cortan. La detiene y como consecuencia de inmediato suena la sirena que advierte que una máquina no está funcionando. Esto lo altera, con manos nerviosas intenta unir los hilos, uno de estos traspasa el guante y lo corta. Las puteadas salen de su boca, su mano fue atravesada por cinco milímetros de aleación de latón y aluminio. A penas siente el dolor, el tiempo transcurre y todavía no ha hecho nada. Irritado aprieta fuertemente su mano hasta que consigue que no salga mas sangre, vuelve a colocarse el guante y une los alambres. Solo que ahora nota que la pileta que realiza el tratamiento de galvanizado tiene poca solución, mide el pH y ve que también su concentración es baja en acidez. Agrega mas ácido sulfúrico. El problema se resuelve. Los carretéles giran.Mientras controla que los hilos no se corten, el rotor se detiene. Ricardo no sabe que hacer, llama a mantenimiento y no le responden. La sirena vuelve a sonar y lo enloquece. Preso de su presión el mismo intenta arreglarlo. Desatornilla el rotor y saca la caja que lo reviste, lo enciende y mira como gira, se vuelve a detener. Con ira toma el destornillador y lo clava en éste para terminar de romperlo. La sirena suena cada vez mas fuerte, angustiado sabe que perderá el empleo. Por altavoces le recomiendan que cambien de máquina. Furioso arrastra los carreteles hasta su nuevo lugar de trabajo. Una vez allí se transforma y a la misma velocidad del rotor controla los hilos, en cuestión de minutos ya bobinò dos mil metros de alambre. Sus movimientos son precisos y rápidos, es una máquina mas, está incontrolable.En determinado momento permanece inmóvil, deja que los hilos se acumulen en la pileta. Siente por su cuello una gota que lo recorre, se limpia y observa que es sangre lo que le chorrea, se serena y abre una parte de su cabeza para sacarse el microchip que tiene debajo de su nuca. Lo mira y ve que éste esta deteriorado, su cuerpo no le responderá a menos que lo cambie y con tanto apuro olvidó el repuesto.

Nota:este texto nació de Tecno-Hombre, me gustó mucho y por ello se fue la segunda...

miércoles, 2 de abril de 2008

Felicidad efímera


Las promesas de buen futuro lo trajeron a Buenos Aires. Ramón llegaba de Charata, Chaco. Sería recibido por la Terminal de Retiro con los brazos abiertos. Desde que bajó del ómnibus, sus dieciséis años se sintieron seducidos por la gran urbe.Recién llegadito prepararía su bolso para mañana empezar a trabajar, ayudante de albañil sería su puesto. Y así trabajó: transpiró con cada pastón, insultó picando paredes, se cansó alcanzando ladrillos y renegó cargando arena. Este era todo el sacrificio que haría para cumplir su primer sueño. Entonces ahorró: se privó de comer, de divertirse, de dormir y hasta de vestirse para alcanzarlo.Llegado el día de concretar su anhelo, con toda emoción fue hasta un comercio y eligió el celular que tanto quería. Lo tuvo en sus manos, lo miró, le sonrío, lo acarició, y lo imaginó en su bolsillo. Con la felicidad contenida en el aparato, prestaba atención a las recomendaciones del vendedor, quien le acercó el contrato. Frente a este papel se petrificó, se sonrojó y se puso nervioso. Salió del local molesto, decepcionado, con lágrimas de impotencia y lamentándose…Ramón, no sabia leer.

lunes, 18 de febrero de 2008

Estación esperanza



El demonio venía a paso ligero, con su blancura sublime, con sus luces encandecentes, hacía temblar los rieles, las piedras y la propia madera de mi cepa. Venía arrasante, avasallador, impertinente y veloz.Yo estaba parada en su sendo, interponiéndome a su destino. Queriendo que me atropelle, que su locomotora aplaste mi cabeza, aniquile mi sentir y que mi sangre encuentre su cause en su estructura. Era el suicidio directo para mi dolor. Pero a un suspiro de tocarme, se detuvo. Mi rostro fue golpeado por la excesiva luz de sus faros, quienes suplicándome me pidieron salir de allí.La excitación de mi cuerpo y mi entrecortada respiración me mantuvieron erguida algunos segundos. Ayudada por el peso del fracaso salí de las vías, para terminar desplomándome a un costado y desde ese lugar miré como seguía su camino.
El coloso tenía un rumbo, uno llamado Adela. Quise que el amor de Roberto me tocara, pero me ignoró, siguió de largo. Sólo sé que antes de hacerlo tembló a mi par y dudó, eso me permite creer que en algún momento podía desviar y hacer estación en mí.

lunes, 21 de enero de 2008

Solange

Una mujer de personalidad fuerte, soberbia, segura, autosuficiente y por si fuera poco bella. Una hembra, con todos sus ademanes de doncella dulce, digna madre para cualquier hijo, ella consigue una tregua entre frialdad y calidez. Una dama que todo lo reúne, su nombre es Solange.
Mis días comienzan a las cuatro de la mañana, me levanto desayuno y parto hacia mi trabajo. Tengo un puesto de diarios a dos cuadras de mi casa, llegó abro el puesto y comienzo a ordenar todo, dentro de unos minutos llegará el distribuidor y me abastecerá de los diarios del día, como de costumbre preparo el equipo de mate y me cebo uno tras otro hasta que empiecen a llegar los clientes.
El tiempo pasa, entre charlas con tacheros, gente del barrio, y entre mantener limpia la vereda, se hicieron las tres de la tarde. Mis ojos se iluminan, nacen en mí alegría y ansiedad. Dentro de unos minutos llegará a la esquina de Terrada y Morón Solange.
Ahí la veo, se aproxima con su caminar tan característico, que la distingue por sobre todas. Luce una falda corta, mostrando tan preciosas piernas, sus botas de plataforma negra no hacen más que estilizar su figura. Tiene puesto una musculosa ajustada, que marca intencionalmente el volumen de su busto, ni hablar del escote. Perfectamente maquillada, con un rojo desafiante tiene sus labios, su pelo largo y negro le dan el marco preciso a su tez blanca.
Se queda en su esquina, ella le ha dado vida a esas paredes viejas, como también me la ha dado a mí. Los autos se le acercan, se dirige a éstos y pone su precio. Si llega a un arreglo con el cliente se marchará, sino seguirá esperando. Pasan unos minutos y se va, tal vez al cabo de una hora regrese. Frente a estas circunstancias yo sufro, la quiero y me duele tener que compartirla con otros.
Entre las seis de la tarde preparo todo para cerrar el puesto, si tengo la suerte de verla antes de irme me iré con una sonrisa, sino volveré con su recuerdo a cuesta. Confieso que este amor nació cuando la vi por primera vez y creció cada vez más, cuando decidí solicitar sus servicios.
Mi rutina no cambia, solo se vuelve mejor si consigo, llevármela conmigo. Hoy la encontré, acepta mi propuesta y vamos camino a mi casa, mientras lo hacemos, vamos hablando. Llegamos. Me siento feliz hoy será mía. Una vez dentro de mi casa ella comienza a transformarse, sabe como enloquecerme y lo hace. Ya en la habitación convierte mi pasividad en ansías. Se quita la ropa despacio, es un placer observar ese cuerpo de perfectas proporciones. Se acerca me acaricia el pecho, sudo, estoy extasiado, hace de mí lo que quiere. Yo soy su esclavo, encantado de estar subordinado a tal vil ama. Me encanta...
El acto sexual es todo un evento, pues ella entiende la intensidad de mi amar. Cuando todo culmina, enciende un cigarro y fuma en silencio, mientras la acaricio, me mira con benevolencia, siento que no le agrada. Sabe que la quiero, me trata bien, pero por debajo de ese trato existe la indiferencia. Termina de fumar, se viste y me pide de un modo amable su dinero. Me saluda con un beso en la frente y se marcha. Mientras estoy en la cama, después de tan grata noche, pienso en ella y no comprendo el porqué de su actitud. Duermo pensando que mañana tendré un gran día.
Suena el despertador, esta vez no me cuesta levantarme, sin perder mas tiempo voy hacia mis deberes. Hoy la venta será un éxito, siempre que uno tiene buena predisposición todo sale bien y hoy tengo mucha. Se acerca al puesto un chico vendiendo flores, le compro un ramo y espero a que llegue la luz de la esquina. Miro el reloj, es tarde y me parece raro que todavía no aparezca, quiero entregarle las flores y ver la expresión de su rostro. Es la primera vez que me animo a darle un presente de este tipo.
Son las cinco de la tarde, veo que viene, me contengo las ganas de ir. Se acerca a la esquina, sabe que la observo y me mira con complicidad. La saludo y me responde con timidez. Cuando estoy a punto de salir a entregarle las flores, se acerca una abuela buscando una revista de tejido para su nieta. La ayudo en su búsqueda, pero nada de lo que le ofrezco la convence, después de tantas vueltas la encontramos, me paga y se marcha contenta. Mientras acomodo un poco el lío de revistas se acerca un joven con un montón de cupones que se los canjea por un almanaque. Tengo que contar los cupones, mirar si no están dañados y entregarle el calendario. Estoy fastidiado, no tengo paciencia y hago todo a las apuradas, solo deseo ir con ella. Una vez que el puesto vuelve a estar tranquilo, me cruzo enfrente y a unos pasos de alcanzarla, se le acerca un hombre. Le habla en un tono elevado, no permito que la trate así. Lo insulto y le pido que se vaya. Ella lo defiende y se marcha con él. Tengo bronca e impotencia frente a estas actitudes, sabe muy bien que la quiero, pero me ignora. Es una ingrata, que no valora mi amor.
Mis pronósticos de éxito erraron. Con el ánimo por el suelo, vuelvo al puesto. Cuanto más mal estoy, más gente se acerca. Todos saben de mi sufrimiento, pero no se animan a preguntar.
Pasan dos horas y no aparece, hace un buen rato debía haber cerrado, pero no puedo irme sin saber nada de ella. Después de cuarenta minutos más la veo venir, voy a hablarle y noto en su rostro una sonrisa esplendida, parece dibujada. La impresión que trasmite es la de una mujer enamorada, risueña, pensando quién sabe qué.
Me vuelvo, no tolero ver ese rostro tan expresivo de amor, termino de cerrar el puesto y me marcho. Tiro las flores.
Intento olvidarme de lo que pasó, pero la verdad es que me encuentro con una angustia terrible. Me duele que ella prefiera a otros antes que a mí. Yo le ofrecí en varias oportunidades que sea mi compañera, que dejara esa vida, conmigo nada le faltaría. Siempre me contestaba con una sonrisa y yo entendía que no podía ser. Trato dormir, pero es en vano.
Es la hora, tengo que cumplir con mi rutina y no tengo fuerzas. Lloro, lloro con el alma. Quiero derramar todas las lágrimas que alguna vez me guardé frente a tantos desaires de ella. Lavo mi cara y parto. Hoy decidí ignorarla, no quiero verla, tampoco quiero intercambiar palabras con nadie. Quiero aprender de mi silencio y que éste me ayude a razonar este amor.
Las horas pasaron casi sin darme cuenta, sé que pronto aparecerá. De espaldas al mostrador voy acomodando las revistas, hasta que escucho la voz de esta maldita que viene a saludarme, como burlándose de mi. Lo hace con su vocecita dulce, yo le respondo secamente y sin distraerme sigo ordenando. Me busca conversación, pero trato de no escucharla, me reclama que cuando hablo no la miro y cuando consigue que lo haga clava su mirada en la mía y yo me pierdo, caigo nuevamente a sus pies. Vino porque le encanta que la admiren, no le importo, solo le interesa alimentar su ego y lo consigue. Es duro aceptar que mi amor no será correspondido, entro en crisis de razón y sentimiento. Sufro.

Parte de médico del Dr. Alfredo Borowsky

El paciente Jorge Iván López, después de padecer una crisis de delirio, producto de su esquizofrenia, evoluciona bien frente a la medicación. Ha tenido grandes avances en las conexiones lógicas. Su catatonia disminuye. Su relación con los demás compañeros mejora, en especial con la enfermera Solange.





miércoles, 26 de diciembre de 2007

Caricia

Victima de su propio ser, procura mantener su vicio a cambio de novecientos pesos, que podrán fin a su pesadilla. Cree que la vida de una persona se cotiza por unos cuantos pesos, traicionado por su propia mentira padece de la tortura de los sin sueños.

Angustiado, púes su compañera no acepta su aberrante propuesta, quiere liberarse de su realidad. Casi acabado trata de salir a flote mediante el placer de la carne, encuentra en su satisfacción sexual el olvido del ser que crece en el vientre de esa mujer especial que supo entregarle su amor. Confundido por su propio engaño, vulnerable a todo, sigue matándose lentamente sin tener valor de terminar de una vez con su sufrimiento. Un hombre alienado, corrompido por el deseo, termina llorando en silencio la pérdida de sus valores. Viril frente a tantas mujeres que pasaron por su cama, no puede enfrentar lo que su suerte le presenta y se abandona al alcohol. Bebe pidiendo que cada trago que acerca a su boca lo libre de sus fracasos, cuanto más bebe mas lejos está de su deseo.
Entre las luces del bar que frecuenta sus ojos chispean y mueren, con balbuceos sin coordinación intenta llevarse a su casa alguna amante de turno. Nadie quiere ser participe de los lamentos de su almohada, hoy como tantas veces tendrá que lidiar solo con las paredes de su habitación. En su inconsciencia este hombre veía en un hijo la esperanza de no equivocarse más, en él se proyectaba el cambio, pero en cuestión de segundo todo se esfuma.
Mientras su cabeza no es hace mas que darle azotes, por momentos duda y se niega a pagar tal precio, pero tiene presente que no puede arrastrar a un niño a un futuro incierto. Como tampoco puede perder su juventud, es un hombre joven y no puede privarse de satisfacer sus necesidades. Sabe que nunca le dará a su futura familia la vida que merece. Mientras busca salir de si mismo su compañera tomó una decisión.
Entre un debate de moralidad y necesidad, discutió un bueno tiempo que dirección debía tomar su vida. Sabe que la herida que provoca este hombre en ella cada vez se hace más grande, pero aún con todo el dolor que sienta se resiste a la idea de aceptar lo que tiene enfrente. Se ha enamorado de un egoísta, quien no duda en poner su vida en riego con tal de no perder su libertad. Casi desilusionada, piensa en su amor propio y determina su decisión. Sabe que tiene que ser practica y comunicarle inmediatamente lo que después de tanto razonar, considera que es lo mejor. Va en busca de su salvador a comunicárselo. Durante el viaje a la casa de éste recuerda cada momento compartido y se convence de que lo esta por hacer es apenas una caricia a tantos arañazos de él.
Acostado en su cama oye el timbre, no quiere levantarse pero es tan insistente el llamado que debe hacerlo. Abre la puerta y se sorprende. Hace intentos por cerrarla pero su compañera le confirma que lo sugerido es la mejor solución. Sin palabras se dirige a su dormitorio a buscar el vil metal, que pondrá fin a todo este asunto. Cierra los ojos y pone en manos de su amada el dinero, ella lo recibe con lágrimas. Él vuelve a su vicio y se olvida que dentro de horas se terminará su mal.
Recibida la plata ella se marcha y mientras se seca las lágrimas, sonríe, piensa en que puede gastar el regalo, que un buen hombre le concedió. Se siente tranquila por no cargar con la pena de un aborto y se sorprende de sí misma, ha sido un gran aprendiz del arte de la mentira.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Encuentro


Paula marcha temerosa, es la primera vez que viaja a Lanús. No conoce nada, lleva consigo las instrucciones de donde bajarse, que colectivo tomar y la dirección de destino. Tiene que encontrarse con su amigo, Víctor. Hace bastante tiempo que no se ven y hoy era la oportunidad.Pasea por las calles y nota que es la única transeúnte, la zona esta desierta, envuelta en un aire funesto. El canto de pájaros y el aroma a primavera la reavivan. Con vehemencia busca hallar la dirección dada, no quiere permanecer ni un segundo sola, pues siente observada. La piel se le eriza, allí no hay nadie. Divisa un hombre a lo lejos, la calma le vuelve, se acerca para preguntarle la ruta que debe tomar. Éste le sugiere que camine dos cuadras hacia adelante y en cuanto se tope con la rotonda, gire a su izquierda y camine unos pasos. Con serenidad hace caso. A metros de llegar se sorprende, la arquitectura de las casitas la desconcierta, son bloques de concreto uno casi pegado al otro. Carentes de gracia esos muros grises la deprimen, al igual que el abandono que algunas poseen. La señalización le confirma que tomó el camino correcto. Su amigo la esperaría en la puerta de su casa, pero no lo ve. Piensa que le está jugando una broma, que no quiere que lo encuentre, igual continúa buscando.Recorre los senderos de cemento y mira puerta por puerta la numeración, lo hace con cierta cautela lo inhóspito del lugar la intima. Los pensamientos la transportan al futuro, a un destino del que nadie escapa. Olvida sus ideas y vuelve a la búsqueda. Sube al primer piso del monobloc, la escalera culmina en dos corredores, deberá elegir entre uno de ellos. El menos iluminado la invita a recorrerlo y ella acepta, el eco de sus pasos le achican el alma, el aire que respira es raro, abrumada por tantas emociones que experimenta no se da cuenta que está frente a la morada de Víctor. Lo mira, suspira y comienza a hablarle, se disculpa por no haber venido antes, se lamenta, se reprocha. No paraba de hablarle, él dejaba que se desahogue, la oía. Luego de un tiempo Paula se queda sin palabras, concluyó su descarga, ya no hay nada que decir. Con lágrimas abandona a su amigo, pero antes de hacerlo acomoda de manera prolija las flores que adornan su nicho.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Felicidad efímera

Las promesas de buen futuro lo trajeron a Buenos Aires. Ramón llegaba de Charata, Chaco. Sería recibido por la Terminal de Retiro con los brazos abiertos. Desde que bajó del ómnibus, sus dieciséis años se sintieron seducidos por la gran urbe.
Recién llegadito prepararía su bolso para mañana empezar a trabajar, ayudante de albañil sería su puesto. Y así trabajó: transpiró con cada pastón, insultó picando paredes, se cansó alcanzando ladrillos y renegó cargando arena. Este era todo el sacrificio que haría para cumplir su primer sueño. Entonces ahorró: se privó de comer, de divertirse, de dormir y hasta de vestirse para alcanzarlo.
Llegado el día de concretar su anhelo, con toda emoción fue hasta un comercio y eligió el celular que tanto quería. Lo tuvo en sus manos, lo miró, le sonrío, lo acarició, y lo imaginó en su bolsillo. Con la felicidad contenida en el aparato, prestaba atención a las recomendaciones del vendedor, quien le acercó el contrato. Frente a este papel se petrificó, se sonrojó y se puso nervioso. Salió del local molesto, decepcionado, con lágrimas de impotencia y lamentándose…Ramón, no sabia leer.

viernes, 26 de octubre de 2007

El trío


Se sacaban los ojos, se escupían sus venenos sin lograr lastimarse aun. Estaba revolviendo todos los cajones, sacando su ropa. Se iba a marchar, se había cansado de vivir una historia de tres.
La mirada taciturna de su esposo, no la convencía. Él se acercó para abrazarla, pero era tanta la repugnancia que sentía que por el mismo, que de una cachetada lo ahuyentó. Caliente por el golpe, el hombre la tomó de los brazos y la sacudió con fuerza, para luego tirarla a la cama. Se lanzo sobre ella y comenzó a besarla, los besos calientes y las caricias sobre su sexo, lograron retenerla con audacia. Para luego terminar haciéndose el amor como animales.
Culminado el acto, la dama decide salir del reposo para comenzar a reprochar de nuevo, él intenta serenarla, y a cambio consigue que se ofusque más y comience a destrozar todo lo que en esa habitación había. Completamente enloquecida comenzó a arrojar los cajones contra las paredes, furiosa golpeaba y gritaba a su marido. Cuando el teléfono comenzó a sonar. Todo el cuarto se enmudeció, el silencio era acreedor de esos minutos. La dama temblando se acercaba lentamente hasta el aparato sonoro, tenía miedo, le dolía comprobar una vez más, que era insignificante en la vida de éste. Él miraba con resignación hacia el suelo, no podía detenerla, no tenía el valor.La mujer atiende el llamado con sollozos. Del otro lado del auricular se oía, una voz femenina, que decía de modo imperativo: -Hijo. ¿Ya dejaste a esa mujer?-

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Escape satisfactorio.

Habían dormido por casi dos horas, cuando un fuerte golpe en la pared dío por terminado sus sueños de libertad. Tal sacudida, los despertó exaltados, en cuanto abrieron sus ojos cruzaron miradas con su custodia. Las cinco mentes pensaron lo mismo. Acorralados y después de varios intentos fallidos, tenían que planear una nueva estrategia que les permitiera ser libres, pero el guardia los cuidaba celosamente, vigilando cada movimiento. Controlaba todo y estaba gozoso de hacer cumplir la sentencia, siempre les hacia ver quien tenía el poder.
Los reclusoss esperaban al relevo, pues el nuevo sólo le interesaba mirar televisión, momento oportuno para salir por el techo. Quisieron levantar la tapa que allí había, ésta estaba imposible. Exhaustos desistieron de la idea, los diez ojos desesperanzados veían solo el encierro. Surgían las posibilidades a la hora del almuerzo, cuando la puerta se abriría, aunque apenas, uno de ellos podía lanzarse encima de las manos del sereno, lastimarlo y entretenerlo mientras los otros escapaban. Sin embargo, el hambre les jugó en contra, se echaron sobre la comida y se devoraron hasta la última miga. Sedientos se bebieron toda el agua. Ya saciados comenzaron a gritar para alterar al guardia, nadie se hacía eco de sus quejidos. Todavía les quedaba la oportunidad de la cena, cansados y aburridos comenzaron a dormirse, los azotes que el cuidador daba a los muros se los impedía. Él se mofaba de sus víctimas.
Una mañana todo cambiaría, había venido de visita el supervisor, el hombre sería reprendido por las paupérrimas condiciones a las que sometía a sus prisioneros. Como castigo tenía que asear la celda, abrió la puerta de ésta y el olor que emanaba lo descompuso. Debía mudar a los cautivos, los trasladó uno por uno, diez centinelas evitaban cualquier intento de escape. Una vez ubicados, se dispuso a limpiar el calabozo. Sufría y maldecía por ser humillado a tal bajeza. Terminado el aseo, los mudó nuevamente con las mismas precauciones. Cansado por todo le hecho durante el día, se tiró en el sillón donde quedó dormido. En cuanto despertó, se sintió frustrado, los gatitos habían salido de la caja y en un acto impune ensuciaron la fina alfombra que su madre cuidaba.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Generosidad cara

El edificio estaba conmocionado, la muerte del abuelo Rolando los dejó boquiabiertos a todos.
Desde hace veinte años, algunas familias que vivían a orillas de las vías del ferrocarril General Belgrano decidieron conjuntamente tomar un edificio en el barrio de Constitución. Una construcción abandonada iba a cobijar a más de treinta familias. Tanto hombres como mujeres una noche de abril reventaron las puertas deterioradas de ésta y vencieron las fuerzas policiales que se hicieron presente, ante las quejas de los vecinos. Todo un pueblo pedía lo indispensable: un techo. Frente a la presencia de criaturas la policía no pudo hacer nada, esa noche muchos iban a empezar a soñar en la calidez de un hogar propio.
Rolando fue el precursor de la iniciativa, el se encargo de averiguar las posibilidades de éxito que tendrían al realizar la toma, visito casa por casa en el viejo asentamiento y convenció a las familias a dar el gran golpe. Todos aceptaron. Desde que vivía allí el abuelo era muy querido, un hombre hacendoso que siempre preocupaba ayudar aquel que mas necesitaba. Trabajaba en la estación de vendedor ambulante por la mañana y por la tarde hacía trabajo social, preparaba el mate cocido para los chicos del barrio y pedía colaboraciones en las panaderías y restaurantes. De las sobras de otros, él daba de comer. Una vez mudado su labor seguía, pero ahora con la comodidad de tener paredes contenedoras de los fríos.
El edificio superpoblado albergaba: familias indigentes, drogas, alcohol, violencia y delincuencia eran la fachada que representaba aquel lugar. Niños inhalando poxirrán, jugando, viviendo de la venta ambulante o del robo, se hacían presente en la entrada del edificio o en cada descanso que las anchas escaleras les permitían estar. Mujeres golpeadas, embarazadas, distintas del hombre solo por sus senos aparecían en cada escándalo que por la noche se suscitaba. La miseria social estaba contenida en varias cajas superpuestas.
Cuando el abuelo regresaba de su trabajo y veía a cualquier niño perdido por el alcohol o la droga, el se las ingeniaba para llevarlos a su casa. Allí los protegía, los alimentaba, los bañaba y los aconsejaba. Era miércoles, desde el lunes que no se veía a Rolando regresar del trabajo. Algunos de sus amiguitos fueron a visitarlo a la estación, pero no estaba, preocupados golpearon las puertas de su departamento y no obtuvieron respuesta. Tenía sesenta y cuatro años, y la gente que lo conocía ignoraba alguna enfermedad que padezca. Se lo veía siempre bien y pensar en su fallecimiento era terrible. Uno de sus vecinos viendo que no aparecían novedades con la ayuda de una barreta abrió su puerta, se dirigió camino al dormitorio y no lo halló. Le quedaba inspeccionar el baño y allí lo encuentra, tirado en la bañera cubierto con una manta de lana. Su ojos abiertos reflejaban el miedo que debió haber sentido, su cuerpo rígido y frío ponían punto final a los cuentos de media tarde. Cuando levanta la manta se asombra al ver las heridas de cuchillo que éste tenía, cinco puñaladas. Existía un culpable, pero ningún sospechoso. Todos empezaron a armar conjeturas sobre el crimen.
El viejo recibía en su casa a jóvenes y niños de toda condición, delincuentes, adictos, vagabundos, etc. Cualquiera de estos podría querer robarle o simplemente descargar su bronca. La policía se presentó ante el cuerpo y trató de hallar algún familiar, no los tenía. En un pequeño salón que había en la planta baja del edificio lo velaron sus vecinos. Todos esperaban que se acerquen muchas personas a las que él ayudo, niños , jóvenes se hicieron ausentes. Alrededor de diez personas vinieron a despedirlo. Un hombre que durante todas sus tardes estaba rodeado de la vida, hoy se hallaba solo con su muerte. Nadie acudió al Cementerio Flores, cavaron la fosa y tiraron el cajón como si fuese un piedra.
El abuelo Rolando se iba … pero se llevaba consigo la inocencia de muchos niños, su generosidad se basaba en el placer que estos pobres diablos le dieron.

Repuesto

Año 2135. En épocas de eugenesia, biotecnología y auge científico, todavía existen algunas fábricas que necesitan el trabajo de artesanos.
La maquina de galvanizado lo espera. Ricardo se levanta apresurado. se viste, se lava la cara, toma su bolso y se va al trabajo. El camino es corto, recorre esas veinte cuadras a paso ligero. Se siente presionado, transpira. Ingresa a la fábrica temeroso, hoy tendrá que galvanizar siete bobinas de alambre de cinco mil metros cada uno, es un desafío que quiere vencer. Tendrá que exigir su cuerpo y sobre todo la habilidad de sus manos.
Se dirige al galpón allí coloca las bobinas en el rotor y empieza a tensionar los hilos sobre la pileta hasta llegar al otro extremo donde estarán las bobinas vacías. Cuando empieza a funcionar dos de estos hilos se cortan. La detiene y como consecuencia de inmediato suena la sirena que advierte que una máquina no está funcionando. Esto lo altera, con manos nerviosas intenta unir los hilos, uno de estos traspasa el guante y lo corta. Las puteadas salen de su boca, su mano fue atravesada por cinco milímetros de aleación de latón y aluminio. A penas siente el dolor, el tiempo transcurre y todavía no ha hecho nada. Irritado aprieta fuertemente su mano hasta que consigue que no salga mas sangre, vuelve a colocarse el guante y une los alambres. Solo que ahora nota que la pileta que realiza el tratamiento de galvanizado tiene poca solución, mide el pH y ve que también su concentración es baja en acidez. Agrega mas ácido sulfúrico. El problema se resuelve. Los carretéles giran.
Mientras controla que los hilos no se corten, el rotor se detiene. Ricardo no sabe que hacer, llama a mantenimiento y no le responden. La sirena vuelve a sonar y lo enloquece. Preso de su presión el mismo intenta arreglarlo. Desatornilla el rotor y saca la caja que lo reviste, lo enciende y mira como gira, se vuelve a detener. Con ira toma el destornillador y lo clava en éste para terminar de romperlo. La sirena suena cada vez mas fuerte, angustiado sabe que perderá el empleo. Por altavoces le recomiendan que cambien de máquina. Furioso arrastra los carreteles hasta su nuevo lugar de trabajo. Una vez allí se transforma y a la misma velocidad del rotor controla los hilos, en cuestión de minutos ya bobinò dos mil metros de alambre. Sus movimientos son precisos y rápidos, es una máquina mas, está incontrolable.
En determinado momento permanece inmóvil, deja que los hilos se acumulen en la pileta. Siente por su cuello una gota que lo recorre, se limpia y observa que es sangre lo que le chorrea, se serena y abre una parte de su cabeza para sacarse el microchip que tiene debajo de su nuca. Lo mira y ve que éste esta deteriorado, su cuerpo no le responderá a menos que lo cambie y con tanto apuro olvidó el repuesto.