miércoles, 21 de mayo de 2008
Desiciones
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Elipse
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21:35
42
No han experimentado Inercia
Etiquetas: Ficción real
sábado, 1 de marzo de 2008
Niñez Noctámbula
Es amiga del llanto enemiga de la risa.
Se ha marchado del lugar que la vió nacer, lugar donde nadie la defendía, para encontrar refugio en las calles de miradas perdidas.
Crecerá de golpe, se hará mujer a cada segundo, las caricias del maltrato acelerarán el proceso.
Olvidará aquel noble corazón, que alguna vez la dominó, para abalanzarse violentamente sobre lo que desea conseguir y ganarse su medalla de sobreviviente
Después de las veinte horas querrá tomarle ventaja a la luna para despertar al sol. Iluminada por los astros, se divertirá esquivando los obstáculos de la ciudad y cantará piedra libre a lo primero que encuentre para masticar.
Una niña en la noche…
No tendrá miedo a los murciélagos pasajeros, que abordan su andar, pero sí temerá a una mano tendida.
Bailará sin expectativas, esperando que la piedad le conceda una pieza, que una ráfaga de amor tiña su traje negro.
Cuando la oscuridad llegue a su fin, se sentirá segura para dormitar. Apoyará su cabeza a una almohada de cemento y tendrá largos sueños grises.
Con sus sentidos en marcha, sus ilusiones no lograrán arrancar. Deambulará un rato más hasta sentirse rendida de su suerte.
Una niña en la noche…
Inhalará fragancia adictiva del poxirrán. Donde endulzada por el aire de lo ficticio, creará un mundo de juegos interminables y de niños felices.
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sábado, 2 de febrero de 2008
Entrelazados
Ignorancia, que atenta contra el progreso.
Progreso, amigo de los grandes monopolios.
Monopolios, que miran por encima de sus hombros.
Hombros, que desprecian pobreza.
Pobreza, que ausenta sonrisas.
Sonrisas, que sepultan tristezas.
Tristezas, que no pronostican futuro.
Futuro, envuelto en incertidumbre.
Incertidumbre, que mata la mirada de un niño.
Niño, que tiene hambre.
Hambre, de cumplir sueños.
Sueños interminables.
Interminable esperanza.
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jueves, 3 de enero de 2008
Tecno-Hombre
“Solo algunos pueden ser dueños de su vida, todo aquel que tenga con que pagar el precio de la supervivencia permanecerá en el tiempo...”
Año 2135. En épocas de eugenesia, biotecnología y auge científico, existen algunas fábricas que todavía necesitan el trabajo de artesanos. Cuatro hombres después de trabajar durante veinte horas, apagan sus máquinas y caminan en dirección a la puerta de salida. Mientras comentan:
- Recuerdo cuando me contaban su nacimiento. Venía a hacernos la vida más fácil. Con sus promesas de nueva era, traía la cura a nuestras grandes enfermedades y cada uno de nosotros la recibía con gratitud.
Sus innovaciones surgían a un ritmo vertiginoso, ella no tenía en cuenta los límites geográficos, ni los sistemas políticos. Generosa, abría sus brazos a todo aquel que la incorporaba.- decía Ernesto.
- Ilusos, le permitimos que crezca. Despiadada transformaba culturas y provocaba consecuencias sociales inesperadas. Surgía de la mano del hombre, ahora toma su poder y se revela ante su creador. Revolucionaria, condujo a un nuevo sistema de división de trabajo, donde la mano de obra del hombre era sustituida por sistemas automatizados. También incorporo un sistema de remuneración salarial y con ello la amenaza del despido.
Había ganado confianza y se instaló en los países de grandes monopolios capitalistas. Allí comenzó su proceso de segregación, donde quedaron excluidos los del tercer mundo. Los ojos ambiciosos del hombre aceptaron sus reglas. Incontrolable causa estragos a quienes le dieron vida. Para ese entonces ya era tarde, la tecnología había tomado el mando.- comentaba Raúl.
- Pero eso no era todo, el consumo en grandes masas de sus productos marcó la tendencia. Solo accesibles a aquellos que no escatiman a la hora de tener en su vida evolución. Con su desarrollo desenfrenado, marcó fuertemente las diferencias sociales.
Su cara destructiva fue constante amenaza, bombas atómicas, guerras químicas y armamentos sofisticados fundaban el miedo. Atentó contra nuestra calidad de vida, libertad de elección e igualdad ante las oportunidades.
Una bestia colosal, que se adueño de nuestro futuro. Seducidos nos llenó de ambición y avaricia. Alimentada por nuestra sangre continua hasta hoy manteniendo su hegemonía- replica Guillermo a sus compañeros.
- La verdad de la aparición de ésta, fue para muchos el desarrollo del bien común, mi padre también me decía lo que les tocó padecer a mis antepasados. Los robots con su capacidad de realizar tareas repetitivas mucho más rápidas y más baratas que el hombre, provocaron el desempleo de millones de personas. Como consecuencia el hambre fue autor de múltiples muertes. Enfermedades, guerras civiles y un sin fin de contiendas por sobrevivir, llevaron a que solo resista el más fuerte. Esclavos, adictos a sus innovaciones, permitimos que nos domine -comentaba José con cierto dolor. Mientras observaba a sus tres compañeros cuando se abrían parte de la cabeza para cambiarse el microchip que tenían debajo de sus nucas.
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jueves, 20 de diciembre de 2007
Belleza implícita
Ahora está en la sala de espera de aquella enorme oficina, aguardando saber si el puesto de trabajo será para ella. La cuestión está difícil, son dos las candidatas. Ambas tienen distintas capacidades, distintas realidades. Su currículum vitae esta completo, es altamente competitivo y tiene la gracia de querer progresar, por el otro lado solo tenemos el simple encanto de la belleza con sus beneficios. Así es, la otra postulante posee unos ojos verdes que enamoran, una piel de terciopelo blanco, un lacio cabello dorado, hasta tiene una apellido oriundo de alguna parte de Europa y goza de una hermosura, digna de ser publicada en cualquier comercial de tv. Mientras ella porta ojos marrones, que no hacen más que transmitir la oscuridad que otorga el cansancio, quienes son acompañados por su morena piel. Es hija de la cruza de una nativa del Norte argentino y de un mestizo de la Mesopotamia, de pelo negro, como todos al verla dicen tiene el alma. Su rostro es gran representante de sacrificio y lucha. Es la otra cara de la moneda, que tiene la pretensión de no caer más de faz al piso.
Llega el momento del gran anuncio, ya saben, el puesto no es para esta última. Sale del edificio, con su belleza implícita, y transita los caminos a la que la discriminación la lleva. Con la impotencia atravesada en la garganta y con el lagrimón en el punto de largada, se sienta en un cantero de la plaza por unos minutos. Intenta serenarse un poco, ya conoce como es esto, ya lo había sentido antes. Toma su carpeta se levanta y camina con la frente bien alta, tiene la esperanza y tal vez la seguridad de encontrarse con gente que no piense solo con los ojos.
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martes, 28 de noviembre de 2006
Decisiones
Volvía pensante de Barrio Parque, su tarde era rara, una cierta melancolía se apoderó de sus pensamientos y la transportó al pasado. Su memoria lastimaba su presente. Evocaba a su niñez, los juegos por la tarde, los carnavales y lo bien que la pasaba. Anduvo distraída, suspirando y añorando volver a ser una niña, hasta que llegó a la estación de trenes. Permaneció sentada hasta que el tren llegó. Una vez dentro, fijó su mirada en una leyenda que estaba escrita en el asiento de adelante. Una mujer con un bebé en brazos la distrajo, le pidió algunas monedas y ésta la ignoró. Regresó a sus recuerdos, recordó cuando su perro rompió la zapatilla de su tía. Esa mañana conoció: las marcas que dejaba el cinto sobre la piel, que su tía aspiraba un polvo blanco y que significaba decidir.
Después de la paliza tenía que desaparecer al cachorro, sino quería experimentar de nuevo, la locura de su tutora. Llorando alzó al animal y se lo llevó a un campo cercano. Durante todo el trecho, sufría y se lamentaba lo sucedido. No tenía valor para dejarlo y olvidarlo, lo había visto nacer y lo que quería mucho. Llegada al descampado, meditó un buen tiempo que hacer. Podía irse con él y vivir en la calle, esconderlo en su casa, dárselo a una amigo para que lo cuide, pero tal vez éste se adueñara del perro y nunca lo devolviera. No sabía que decisión tomar. Lo miraba con amor, un amor que ella desconocía, lo acarició, miró al cielo y tomó aire, y entre sollozos se fue sola. A partir de allí, su corazón quedó vacío, sin consuelo.
Un vendedor irrumpe en su soledad, ella le pregunta en que estación estaba, apresurada cruza todo el tumulto y baja. De su campera sacaba un atado de cigarrillos, se sentó en el cordón de la vereda y empezó a fumar. No sólo exhalaba humo, sino también tranquilidad. Su vida cambió. Decidir abandonar a su bebé, eliminaba sus presiones. Estaba segura que lo dejó en manos de gente bien, que nada le faltaría. Sabía que ella había cambiado su suerte. Se metía en la cabeza que no era una inconciente como su madre, quien la abandonó en lo de su tía, una drogadicta abusadora.
El cigarrillo se consumía y sus recuerdos también. Olvidó a su bebé y serena regresaba a Villa Futuro, donde alguna clienta la esperaría con ansías, para que le practique un aborto …
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viernes, 10 de noviembre de 2006
Distinta
El reloj marcaba las cinco treinta y cinco de la tarde, el timbre de salida sonaba. Los amplios pasillos de la escuela se congestionaban con el alumnado deseoso por salir. Los chicos de primera tercera eran bastantes inquietos y desobedientes, siempre lograban llamar la atención de la regente y como consecuencia salían últimos. En cuestión de minutos la Normal 48 quedaba vacía.
Victoria y amigas antes de marcharse pasaban al baño a darle los retoques finales a sus maquillajes, querían salir perfectas a la calle, donde un mundo de jóvenes lascivos esperaban ver sus caritas de niñas mujeres. Todas listan iban a la plaza. Allí estaban varones de la Normal y los de una Técnica vecina. Ellas pasaban lentamente por el empedrado; piropos, silbidos y hasta aplausos se oían. Sus presencias se hacían notar. Una vez que terminaba la pasarela cada una tomaría un rumbo distinto.
El 56 se acercaba , Victoria saludaba apresurada y subía al colectivo. Sacó su boleto y se sentó. En su cabeza sonaban las palabras que dijeron los chicos un tiempo atrás, esas palabras ocuparon todo el viaje. Estaba próxima a acercarse a la parada, se levantó tocó timbre, esperó que la puerta se abriera y descendió. Luego pasó por un quiosco, compró unas cuantas golosinas.
En su casa la esperaba su madre con la merienda preparada, pero cuando llegó alegó estar cansada y se encerró en su cuarto. Apenas apoyó la cabeza sobre la almohada, quedó dormida. Durmió hasta la madrugada, momento en que su panza empezaba a crujir. Fue en busca de un vaso con leche tibia, se lo bebió y continuo durmiendo.
Los rayos de sol que se colaban por ventana, le indicaban que ya era hora de levantarse. No tenía ganas, meditó un rato, tomó fuerzas y fue directo a bañarse. Después de hacerlo miró un largo tiempo su cuerpo en el espejo de la mampara. Horrorizada al ver a un monstruo obeso, se aborrece . Sus gordas piernas parecen dos jamones de primera calidad, la grasa le envolvía la cintura eliminándosela, volviéndola un paquete de yerba, sus senos caían junto con la flacidez de sus brazos. Era ella y le costaba verse así, le dolía saber que era grasa, pura grasa. La bronca que la inundaba no le permitía llorar, se vistió con rapidez para luego prepararse el almuerzo. Comienza comiendo un churrasco con ensalada, pero su estómago le pide mas, continúa con una tarta, una rodaja de queso, fiambre, pastaflora, gaseosa y las golosinas de ayer. Se daba el gran atracón de su vida, estaba a punto de reventar y seguía castigándose. Para ese entonces consideraba inútil esforzarse en una dieta, nunca se fijaban en ella, era fea y encima amiga de las chicas mas populares. Miró el reloj, tomó sus cosas y fue a estudiar.
Durante toda la clase estuvo retraída, y nuevamente nadie lo notó. El timbre de salida sonaba, el ritual del baño la esperaba. Cosméticos, perfumes, rostros bellos, figuras esbeltas y ella. Salían de la institución ya preparadas para la tormenta de halagos. El día se prestaba para mostrar el ombligo, el calor era excusa suficiente para andar ligeras de ropa. La plaza estaría llena de admiradores, sus egos se iban a nutrir al máximo. Llegadas a ésta comenzaron a caminar moviendo las caderas de un lado al otro, sensuales desafiaban a todos. Una vez en el centro Victoria se quita el guardapolvo, la remera y el pantalón, quedándose en ropa interior. Sus amigas se ríen, no entienden. Todos quedaron perplejos, nadie podía dejar de mirarla. La observaban con impresión, tal vez lastima. De su mochila tomó un cuchillo y empezó a cortarse las carnes, se faenó como si fuese una vaca y reía, y lloraba. Cada corte le daba fuerzas para seguir lastimándose, cubierta en sangre, rodeada de fetas de su propio cuero se sintió culpable de su suerte, sin embargo responsabilizó a todos los presentes por este final …
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