
Ahí estaba mirándome. Sentada en la vieja esquina de paredes musgosas, al pasar por su lado comienzo a percibir que me odia. El abandono había causado estragos sobre su físico, por ello tenía razones para detestarme. Sus pelos electrizados impregnados de humedad, encarecían aún más su rostro. Rostro de ojitos color cielo nublado, de boquita rosa, de harapos sucios, almita sin vida.
Buscaba mi compasión; necesitaba un abrazo, una palabra, y se encontró con mi apatía. El poder de su presencia o angustia me perturbaron tanto, no pudiendo seguir siéndole indiferente. La miré, mis lágrimas empezaron a estancarse, con miedo me acerqué a ella y la abracé, con todo el amor que alguna vez sentí. De alguna manera me había encontrado con lo que ayer fui, el paso del tiempo también me deterioró. Me había quitado más que a esta muñeca, entonces comprendí: los niños recuerdan, los adultos olvidan…
Pintura: Graciela Bello, Acrílico sobre tela. Visitala: http://www.gracielabello.com.ar