lunes, 12 de noviembre de 2007

Idilio


La noche comenzaba a dar indicios de su presencia, en una habitación de frías paredes, dos hombres reposan en una cama. Sholem acariciaba la cabeza de Frank, quien dormitaba entre sus brazos. Las yemas de sus dedos exploraban cada centímetro de su cuero cabelludo, cuando terminaba de hacerlo sus caricias navegaban en la fisonomía de su rostro. La delicadeza de su piel lo cautivaba, al igual que la serenidad de su respiración. La brisa que se asomó por la ventana despertó a Frank, éste miraba con una sonrisa cómplice a quien veló por sus sueños. Se levantaba con movimientos lentos, tras desperezarse daba un cálido abrazo a su compañero. Ambos se miraron a los ojos y se perdieron en sus miradas, los roces de sus labios expresaban la plenitud que sentían, se amaban y abrazados permanecieron acostados.En tanto ellos se manifestaban su amor, oleadas de uniformados vinieron a apoderarse del destino de muchos. Como un huracán, el ejército alemán arraso con toda Varsovia. Los gritos desesperados de mujeres y niños que corrían en cualquier dirección, hacían la música de fondo de aquel cruento escenario. El resplandor de los proyectiles iluminaba la escena. Cientos de hogares fueron destruidos, a golpes y forcejeos, despojaban a familias enteras de éstos. Violencia, muertes, llantos y desesperanza teñían de rojas tintes el ambiente.Ambos hombres en el albergue vivían su propio idilio, de dulces melodías y de sabor a libertad. Sus ilusiones tenían alas, la felicidad estaba en sus manos. Detuvieron el tiempo para prolongar ese momento, armaron su propio mundo y querían permanecer allí toda una eternidad. Sin embargo, la realidad era totalmente distinta a la que habían inventado. Esa madrugada sabía que vendrían por ellos. Sentados al borde la cama aguardaban que violenten su puerta. Tenían el valor suficiente para desear morir juntos, pero en el instante menos pensado, el instinto de conservación los traiciona y en un acto desesperado trataron de huir por la ventana. En cuanto miraron al exterior, se dieron cuenta que sus movimientos estaban cercados por rostros asesinos.Una fuerte patada abría la puerta, tomados de los brazos fueron sacados semi desnudos, mientras ellos salían tres soldados iniciaban la requisa del cuarto. Cada hueco era inspeccionado, revuelto, saqueado. A punta de fusil fueron llevados, sus piernas temblaban. El miedo que recorría sus venas aceleraba sus corazones. A metros de llegar al barranco Frank cae abatido, su cuerpo se rebozaba en la tierra. Con la poca fuerza que le quedaba, levantó la cabeza y procuró mantener su mirada en Sholem, quien al ver su cara raída comenzó a llorar. Burlados por los centinelas padecían segundos dolorosos. Fueron los últimos dos estruendos que se oyeron, los que pusieron fin a la angustia, este amor había sido silenciado.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Visitante


Cruzaba la puerta con cierto vigor, cuando al traspasar el zaguán rostros felices la observaban, parecían esperar algo, al menos un cálido saludo. Entonces se sintió contagiada por el aire festivo, y enseguida su ser manifestó una amplia alegría. De inmediato salió a buscar un espejo o un simple cristal que refleje esa hermosa sonrisa que su boca dibujaba, pero su búsqueda se vio frustrada ya que se perdió dentro de la casa sin poder hallar verse. Confundida por desconocer el sitio, volvió de nuevo donde estaban esas personas, solo que ahora sus caras estaban tristes, demacradas. Pasmada al verlos fue sintiendo como su semblante también se caía hasta que se desvaneció por completo, salió de la casa llorando, tocándose un rostro que no poseía.Lejos del lugar y mas serena, recordaba a esas personas que tenían en si un cierto parecido, también recordó porque había ido hasta ese lugar. Sin darse cuenta descubrió, que ella en su propio hogar era solo una persona de paso…

viernes, 26 de octubre de 2007

El trío


Se sacaban los ojos, se escupían sus venenos sin lograr lastimarse aun. Estaba revolviendo todos los cajones, sacando su ropa. Se iba a marchar, se había cansado de vivir una historia de tres.
La mirada taciturna de su esposo, no la convencía. Él se acercó para abrazarla, pero era tanta la repugnancia que sentía que por el mismo, que de una cachetada lo ahuyentó. Caliente por el golpe, el hombre la tomó de los brazos y la sacudió con fuerza, para luego tirarla a la cama. Se lanzo sobre ella y comenzó a besarla, los besos calientes y las caricias sobre su sexo, lograron retenerla con audacia. Para luego terminar haciéndose el amor como animales.
Culminado el acto, la dama decide salir del reposo para comenzar a reprochar de nuevo, él intenta serenarla, y a cambio consigue que se ofusque más y comience a destrozar todo lo que en esa habitación había. Completamente enloquecida comenzó a arrojar los cajones contra las paredes, furiosa golpeaba y gritaba a su marido. Cuando el teléfono comenzó a sonar. Todo el cuarto se enmudeció, el silencio era acreedor de esos minutos. La dama temblando se acercaba lentamente hasta el aparato sonoro, tenía miedo, le dolía comprobar una vez más, que era insignificante en la vida de éste. Él miraba con resignación hacia el suelo, no podía detenerla, no tenía el valor.La mujer atiende el llamado con sollozos. Del otro lado del auricular se oía, una voz femenina, que decía de modo imperativo: -Hijo. ¿Ya dejaste a esa mujer?-

lunes, 15 de octubre de 2007

Olvido


Ahí estaba mirándome. Sentada en la vieja esquina de paredes musgosas, al pasar por su lado comienzo a percibir que me odia. El abandono había causado estragos sobre su físico, por ello tenía razones para detestarme. Sus pelos electrizados impregnados de humedad, encarecían aún más su rostro. Rostro de ojitos color cielo nublado, de boquita rosa, de harapos sucios, almita sin vida.
Buscaba mi compasión; necesitaba un abrazo, una palabra, y se encontró con mi apatía. El poder de su presencia o angustia me perturbaron tanto, no pudiendo seguir siéndole indiferente. La miré, mis lágrimas empezaron a estancarse, con miedo me acerqué a ella y la abracé, con todo el amor que alguna vez sentí. De alguna manera me había encontrado con lo que ayer fui, el paso del tiempo también me deterioró. Me había quitado más que a esta muñeca, entonces comprendí: los niños recuerdan, los adultos olvidan…
Pintura: Graciela Bello, Acrílico sobre tela. Visitala: http://www.gracielabello.com.ar

sábado, 6 de octubre de 2007

Cotitas y al pie (de alto voltaje)




El peso de tu cuerpo sobre el mío, expropia a mí ser de su razón. Mientras mi boca susurra palabras calientes a tu oído, que te excitan y vuelven más enérgicos tus movimientos. Elevo mi voz y te gusta, puedo sentirlo. Las yemas de tus dedos hacen presión sobre mi piel y la aprietan, entonces es hora de que tome el mando y que mi cadera sea protagonista, y que tus manos se adueñen de mi cintura, de mis senos…
Juego despacio, lento, para que mis paredes puedan sentir cada una de tus rugosidades. Hasta que ambos deseamos acelerar el ritmo, aumentamos la intensidad, y seguimos…
Mantenemos el compás de esta sinfonía amorosa hasta llegar a laxar el último suspiro.




Artista: Cristian Ruiz, Acrílico sobre tela

viernes, 28 de septiembre de 2007

Todo por mamá

Transcurría un nuevo miércoles, hace dos meses que María Paz y Facundo eran privados de sus salidas al cine. Enojados le reprochaban a su madre por esto y hacían responsable a su abuela del descuido que sufrían. Desde el momento que enfermó la nona, ella tuvo que hacerse cargo de llevarla al médico y cuidarla, hasta vino a vivir a la casa. Al ser una enferma cardíaca y debido a su reciente hemiplejía, tenía que depender del cuidado de otros. Esto implicó que el tiempo que les dedicaba a sus hijos se redujera, al punto de, no compartir más que las tareas escolares. Esta situación molestaba mucho a estos dos, acostumbrados a la dependencia materna. Pero, no sólo era eso, sino también se sumaban las diferencias que hacia la anciana con respecto a sus primos, Clarita y Manuel. Ellos eran los preferidos, al ser hijos de padres separados, siempre eran los pobrecitos, y por ello tenían grandes ventajas. Cuando sus nietos venían a visitarla, ella se olvidaba de su hemiplejía y los recibía con felicidad, felicidad que se encontraba apagada por su malhumor y que sus otros dos pares no conocían. Siempre los esperaba con alguna sorpresa, se desvivía por ellos al igual que por su hija Leonora.
María Paz y Facundo jugaban, mirando con odio a sus primos. Cuando alguno de estos dos se le acercaban, los hermanos con empujones y cargadas los echaban. Entonces lloriqueando iban a quejarse a la abuela. Quien tomaba su bastón y amenazaba con el mismo, todo terminaba con ellos castigados y como consecuencia, durmiendo la siesta. Una vez que la visita se marchaba, volvían al comedor para tomar la merienda. Momento en el cual la abuela comenzaba a dar órdenes desde su sillón y por su parte, su madre se las hacía cumplir.
Comenzaba un nuevo día y la intolerancia que sentían ante su antecesora, era tal que, de solo mirarla ya la aborrecían. Otra vez más sin salida, otras horas más que tenía que ceder a su mamá. Cuando estas dos mujeres salieron al médico, ambos niños, solos, comenzaron a fraguar un plan para recuperar a su madre. Cualquier cosa que se les ocurría era imposible de hacer, pero Paz, la mayor, dijo saber como se resolvería este problema.
Era la hora de la merienda dentro de unos minutos vendrían del médico y como de costumbre su madre llegaría, los saludaría con un beso, tomaría la bolsa y se iría a comprar para hacer la cena. En tanto la abuela se apropiaría del sillón y pediría tomar su té con leche. Los hermanos tenía todo preparado, cuando estas dos llegaron la mesa estaba servida. Chocolatada para ellos y té con leche para la nona. Sucedía lo previsto, la madre tomo la bolsa y se fue; en tanto la abuela tomaba la merienda con recelo, no le agradaba el gusto que tenía. En determinado momento elevó una queja, sentió un fuerte dolor en el tórax, luego comenzó a vomitar. Su cuerpo se retorcía y los quejidos que producía intimaron a Facundo, que al ver esto se puso a llorar. Paz se lo llevó al cuarto y rompió su alcancía, lo entretuvo haciéndole contar las monedas y billetes que tenía y le aseguró que iban a gastar el dinero juntos. Mientras ella tiraba el preservante para maderas, que su padre con insistencia le pidió no tocara, por el inodoro. En el comedor las exclamaciones de dolor traspasaban las paredes, pero éstos se hacían los desentendidos. Cuando llegó su madre pegó un grito que sacó a los niños del cuarto y fueron a su encuentro. La abuela estaba echada en el sillón con su boca llena de espuma, su hija le hablaba y no había respuesta, ya era tarde…
El llanto de esta mujer provocó que los jovencitos se aferren a ella con un abrazo, ambos lloraban, pero las voces de sus pensamientos al unísono decían: - Ahora sí mamá es nuestra…-

sábado, 15 de septiembre de 2007

Buscando sensaciones.

Una vez más están conteniendo sus voluntades, reprimiéndose las ganas de experimentar sensaciones. Hasta que llega el momento en que salen de lo cotidiano de sus personajes, para marcharse directo a su espacio, el albergue. Allí estallan sus emociones , se lamen los cuerpos, se friccionan las pieles, las voces se tornan sensuales. Son dos protagonistas irremplazables, dos extraños que se conocen sin saberlo.

Despacio comienzan a desnudar sus pensamientos, permitiendo que las caricias se adueñen de los minutos, hasta llegar al límite; donde los deseos deciden ejecutarse. Explotan en una cama, sienten, gozan, hasta que el acto culmina. Abstraídos, descansan un rato para luego seguir...

Pronto se acercará la despedida, realizaran el último intento para satisfacerse. Nuevamente el ambiente se vicia de pasiones, logran conectarse otra vez ...

Les llega el tiempo de eliminar las evidencias, y calzar sus trajes. El timbre les anuncia el final, es hora...

En este caso él volverá a su hogar, el juego del estanciero con su esposa e hijos lo esperan. Mientras, ella se irá a la casa de su novio, pero antes éste deberá despedir a su acompañante de turno.