miércoles, 22 de agosto de 2007

He vuelto...

Después de varios meses de no publicar me dirijo a este mi público, o sea, a usted mi mentor. Si usted, ese que hoy me permite mantenerme en vigencia ¿Recuerda? Sino fuese por usted yo no me hubiese actualizado, solo quiero compartirle mis humildes escrituras y le agradezco por estar siempre del otro lado. No espere mucho recién estamos arrancando, había sido que se me endureció la muñeca! Un fuerte abrazo!

Nota: esta página nace con la finalidad de poder hacerles llegar, a todo aquel que la visite, un poco de lo que hago. Se reciben todos los comentarios que consideren puedan ayudarme a mejorar. Saluda atte. Elipse Lectinia

Cortitas y al pie ( ideales para estos días de frío)

El miedo es vida, la adrenalina que desata mi locura es tan necesaria como existir. Usted es el autor, induciéndome a vivir al límite y yo gozo, me siento viva…

Pienso en su boca como entrada a un túnel oscuro y sin fin. Quiero meterme y perderme, pero cuando me animo a hacerlo temo que su boca se cierre como una trampa para osos y su dentadura me desgarre en trozos, doy un paso atrás y vuelvo a mirarlo. Ahora me animo, voy tranquila… en su boca no hay dientes…

Su voz como un inyectable recorrió mi torrente, podría jurar que sus palabras llegaron hasta mis huesos, casi sin comprender la fuerza que tienen sobre mí, me mantengo en pie, después de tan grata dosis…

martes, 28 de noviembre de 2006

Decisiones

Volvía pensante de Barrio Parque, su tarde era rara, una cierta melancolía se apoderó de sus pensamientos y la transportó al pasado. Su memoria lastimaba su presente. Evocaba a su niñez, los juegos por la tarde, los carnavales y lo bien que la pasaba. Anduvo distraída, suspirando y añorando volver a ser una niña, hasta que llegó a la estación de trenes. Permaneció sentada hasta que el tren llegó. Una vez dentro, fijó su mirada en una leyenda que estaba escrita en el asiento de adelante. Una mujer con un bebé en brazos la distrajo, le pidió algunas monedas y ésta la ignoró. Regresó a sus recuerdos, recordó cuando su perro rompió la zapatilla de su tía. Esa mañana conoció: las marcas que dejaba el cinto sobre la piel, que su tía aspiraba un polvo blanco y que significaba decidir.
Después de la paliza tenía que desaparecer al cachorro, sino quería experimentar de nuevo, la locura de su tutora. Llorando alzó al animal y se lo llevó a un campo cercano. Durante todo el trecho, sufría y se lamentaba lo sucedido. No tenía valor para dejarlo y olvidarlo, lo había visto nacer y lo que quería mucho. Llegada al descampado, meditó un buen tiempo que hacer. Podía irse con él y vivir en la calle, esconderlo en su casa, dárselo a una amigo para que lo cuide, pero tal vez éste se adueñara del perro y nunca lo devolviera. No sabía que decisión tomar. Lo miraba con amor, un amor que ella desconocía, lo acarició, miró al cielo y tomó aire, y entre sollozos se fue sola. A partir de allí, su corazón quedó vacío, sin consuelo.
Un vendedor irrumpe en su soledad, ella le pregunta en que estación estaba, apresurada cruza todo el tumulto y baja. De su campera sacaba un atado de cigarrillos, se sentó en el cordón de la vereda y empezó a fumar. No sólo exhalaba humo, sino también tranquilidad. Su vida cambió. Decidir abandonar a su bebé, eliminaba sus presiones. Estaba segura que lo dejó en manos de gente bien, que nada le faltaría. Sabía que ella había cambiado su suerte. Se metía en la cabeza que no era una inconciente como su madre, quien la abandonó en lo de su tía, una drogadicta abusadora.
El cigarrillo se consumía y sus recuerdos también. Olvidó a su bebé y serena regresaba a Villa Futuro, donde alguna clienta la esperaría con ansías, para que le practique un aborto …

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Cortitas y al pie(ideal para los 2 corazones)

Usted no tiene conciencia que se ha vuelto habitué de mis pensamientos ilícitos, de mis necesidades más íntimas. Es sólo un espectador que cuestiona mi actuar, un actuar que no se anima a desnudar su mente y a ejecutar todo lo que desea...

Cuando siento tu piel se activa mi queres prohibido. Besarte no es más que saciar mi necesidad de vos. Mis impulsos estallan en la medida en que me haces desarte, pero existe aún algo peor; la necesidad de que entres a mí de una manera violenta y arrebates todas mis fantasías de una vez.
Mis pechos se calcinan, necesitan ser besados para sentir alivio, al igual que mi boca. Arma perversa que disfruta de la exquisitez de su sudor. Ya he perdido el control de mí ser, me estás enloqueciendo, acercándome al vicio del amor...

Con sus besos que encubren deseo y sus caricias de brasas calientes y en su afán de amarme con validez. Usted consigue desgarrar mi incertidumbre, devolviéndome la fe que no tenía...

No quiero hablar de amor, sólo quiero que desates en mí todas las emociones y que mi cuerpo exprese lo que le haces sentir. Que el silencio sea testigo que se puede amar, sin promesas, sin palabras, sólo con un corazón que sabe lo que quiere...

Esperanza

Y me quemé en el infierno del cual no creí salir.
Entre rostros difusos, almas oscuras y el sinsabor de mi derrota, lloré a cada instante tu ausencia.
Te perdí y me hundí en mares de fuego, que me quemaban al recordarte. Mientras clavaba más dagas de dolor a mi angustía, iba de a poco perforando mi corazón. Sumergiéndolo en la desesperanza.
Y así fuí, lastimandóme cada herida. Caminando por senderos vacios , pensando quizás al final del camino encontrarte. Sin embargo hallé, una verdad que me devoraba. Te habías marchado de mí, no hay más retorno. Era tarde para empezar de nuevo , pues tu ser ancló mi vida a un puerto de navíos fantasmas. Caí sin poder levantarme en mil pozos amargos, pero un día con esa fuerza que me llevó a amarte, emergí engañado por la ilusión de volver a quemarme en ese fuego eterno que los dos provocamos.

Escape satisfactorio.

Habían dormido por casi dos horas, cuando un fuerte golpe en la pared dío por terminado sus sueños de libertad. Tal sacudida, los despertó exaltados, en cuanto abrieron sus ojos cruzaron miradas con su custodia. Las cinco mentes pensaron lo mismo. Acorralados y después de varios intentos fallidos, tenían que planear una nueva estrategia que les permitiera ser libres, pero el guardia los cuidaba celosamente, vigilando cada movimiento. Controlaba todo y estaba gozoso de hacer cumplir la sentencia, siempre les hacia ver quien tenía el poder.
Los reclusoss esperaban al relevo, pues el nuevo sólo le interesaba mirar televisión, momento oportuno para salir por el techo. Quisieron levantar la tapa que allí había, ésta estaba imposible. Exhaustos desistieron de la idea, los diez ojos desesperanzados veían solo el encierro. Surgían las posibilidades a la hora del almuerzo, cuando la puerta se abriría, aunque apenas, uno de ellos podía lanzarse encima de las manos del sereno, lastimarlo y entretenerlo mientras los otros escapaban. Sin embargo, el hambre les jugó en contra, se echaron sobre la comida y se devoraron hasta la última miga. Sedientos se bebieron toda el agua. Ya saciados comenzaron a gritar para alterar al guardia, nadie se hacía eco de sus quejidos. Todavía les quedaba la oportunidad de la cena, cansados y aburridos comenzaron a dormirse, los azotes que el cuidador daba a los muros se los impedía. Él se mofaba de sus víctimas.
Una mañana todo cambiaría, había venido de visita el supervisor, el hombre sería reprendido por las paupérrimas condiciones a las que sometía a sus prisioneros. Como castigo tenía que asear la celda, abrió la puerta de ésta y el olor que emanaba lo descompuso. Debía mudar a los cautivos, los trasladó uno por uno, diez centinelas evitaban cualquier intento de escape. Una vez ubicados, se dispuso a limpiar el calabozo. Sufría y maldecía por ser humillado a tal bajeza. Terminado el aseo, los mudó nuevamente con las mismas precauciones. Cansado por todo le hecho durante el día, se tiró en el sillón donde quedó dormido. En cuanto despertó, se sintió frustrado, los gatitos habían salido de la caja y en un acto impune ensuciaron la fina alfombra que su madre cuidaba.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Distinta

El reloj marcaba las cinco treinta y cinco de la tarde, el timbre de salida sonaba. Los amplios pasillos de la escuela se congestionaban con el alumnado deseoso por salir. Los chicos de primera tercera eran bastantes inquietos y desobedientes, siempre lograban llamar la atención de la regente y como consecuencia salían últimos. En cuestión de minutos la Normal 48 quedaba vacía.
Victoria y amigas antes de marcharse pasaban al baño a darle los retoques finales a sus maquillajes, querían salir perfectas a la calle, donde un mundo de jóvenes lascivos esperaban ver sus caritas de niñas mujeres. Todas listan iban a la plaza. Allí estaban varones de la Normal y los de una Técnica vecina. Ellas pasaban lentamente por el empedrado; piropos, silbidos y hasta aplausos se oían. Sus presencias se hacían notar. Una vez que terminaba la pasarela cada una tomaría un rumbo distinto.
El 56 se acercaba , Victoria saludaba apresurada y subía al colectivo. Sacó su boleto y se sentó. En su cabeza sonaban las palabras que dijeron los chicos un tiempo atrás, esas palabras ocuparon todo el viaje. Estaba próxima a acercarse a la parada, se levantó tocó timbre, esperó que la puerta se abriera y descendió. Luego pasó por un quiosco, compró unas cuantas golosinas.
En su casa la esperaba su madre con la merienda preparada, pero cuando llegó alegó estar cansada y se encerró en su cuarto. Apenas apoyó la cabeza sobre la almohada, quedó dormida. Durmió hasta la madrugada, momento en que su panza empezaba a crujir. Fue en busca de un vaso con leche tibia, se lo bebió y continuo durmiendo.
Los rayos de sol que se colaban por ventana, le indicaban que ya era hora de levantarse. No tenía ganas, meditó un rato, tomó fuerzas y fue directo a bañarse. Después de hacerlo miró un largo tiempo su cuerpo en el espejo de la mampara. Horrorizada al ver a un monstruo obeso, se aborrece . Sus gordas piernas parecen dos jamones de primera calidad, la grasa le envolvía la cintura eliminándosela, volviéndola un paquete de yerba, sus senos caían junto con la flacidez de sus brazos. Era ella y le costaba verse así, le dolía saber que era grasa, pura grasa. La bronca que la inundaba no le permitía llorar, se vistió con rapidez para luego prepararse el almuerzo. Comienza comiendo un churrasco con ensalada, pero su estómago le pide mas, continúa con una tarta, una rodaja de queso, fiambre, pastaflora, gaseosa y las golosinas de ayer. Se daba el gran atracón de su vida, estaba a punto de reventar y seguía castigándose. Para ese entonces consideraba inútil esforzarse en una dieta, nunca se fijaban en ella, era fea y encima amiga de las chicas mas populares. Miró el reloj, tomó sus cosas y fue a estudiar.
Durante toda la clase estuvo retraída, y nuevamente nadie lo notó. El timbre de salida sonaba, el ritual del baño la esperaba. Cosméticos, perfumes, rostros bellos, figuras esbeltas y ella. Salían de la institución ya preparadas para la tormenta de halagos. El día se prestaba para mostrar el ombligo, el calor era excusa suficiente para andar ligeras de ropa. La plaza estaría llena de admiradores, sus egos se iban a nutrir al máximo. Llegadas a ésta comenzaron a caminar moviendo las caderas de un lado al otro, sensuales desafiaban a todos. Una vez en el centro Victoria se quita el guardapolvo, la remera y el pantalón, quedándose en ropa interior. Sus amigas se ríen, no entienden. Todos quedaron perplejos, nadie podía dejar de mirarla. La observaban con impresión, tal vez lastima. De su mochila tomó un cuchillo y empezó a cortarse las carnes, se faenó como si fuese una vaca y reía, y lloraba. Cada corte le daba fuerzas para seguir lastimándose, cubierta en sangre, rodeada de fetas de su propio cuero se sintió culpable de su suerte, sin embargo responsabilizó a todos los presentes por este final …