
¡Milonguero, mujeriego, malandrín y mangueador!
¿Dónde quedaron los sueños;
de tus tiempos de candor?
Te quedaste en la ruina,
amante fiel del oro.
Tu presente vaticina,
un futuro sin decoro.
No existen llantos,
ni imploro.
Que puedan vencer tu racha.
Se te fueron las muchachas,
que taquean por la noche.
No hay levante,
sin el coche,
sólo labia y caminata.
¡Maldita avaricia innata!
Que te apartó de mí.
Sigue mi cuarto febril,
por tremendo metejón.
He de guardarte,
en un cajón y matar ese recuerdo.
Ya ni pensamientos cuerdos,
tiene mi chaveta piantada.
Te sigo junando encantada,
anhelando tu regreso.
Volverás,
muñeco viejo,
con unas monedas pintadas.
Permitime este consejo:
tendrás que perder las mañas,
de andar por los arrabales,
prodigando tus infamias
y achurando corazones.
¡Milonguero, mujeriego, malandrín y manguedor!
Aquí te espero en mi catre,
no te han de querer más que yo.